Hermano FranciscoNueva Espiritualidad: ¿Cómo definir lo que es la Espiritualidad?
Hermano Francisco: Al final de largas décadas de mi vida, dedicada a la búsqueda espiritual, puedo precisar hoy a la Espiritualidad con dos definiciones que en definitiva concluyen la una en la otra.
La primera es que la Espiritualidad es aquello que en la vida humana nos hace mejores, nos ayuda a contemplarnos a nosotros mismos sin la falsa mirada del Ego humano. Es aquello que nos secuestra de la vida material y superficial y nos devuelve a la realidad espiritual que en verdad somos.

La segunda es la aventura del descubrimiento personal que supone vivir la vida humana bajo un contexto de espiritualidad. Una fuente de sabiduría que nos ayuda a comprender el porqué de cada situación, experiencia o suceso que nos ocurre a los humanos, pero desde una perspectiva más elevada, sutil y trascendente: la del Espíritu.
La Espiritualidad no es más que un viaje en el que al final todos concluimos por el interés de la fe o forzosamente a través de las experiencias de la vida. Descubriendo que dentro de nosotros mismos hay algo más importante, más grande y sutil de lo que creemos ser, sentir y constituir.
Si tuviera que resumir todo eso en una frase diría que para mí la Espiritualidad es aquella experiencia de la vida que ha logrado completarme como ser humano.

N. E.: ¿Cuál es el papel que representa la fe en nuestra vida?
H. F.: La fe es una de las fuerzas más intensas del hombre. Le impulsa a tener aspiraciones, anhelos, deseos y proyectos en la vida. Fe significa sobre todo dos cosas: esperanza y convicción. La verdadera Espiritualidad no consigna en exclusiva la fe al campo de la religiosidad sino también al terreno de las capacidades que como seres humanos tenemos. Fe en uno mismo, fe en la fuerza interior que todos tenemos, fe en los logros de los que somos capaces, fe en aquello que la mente humana no alcanza a concebir, resolver o admitir.
La fe bien entendida es el vínculo que enlaza todo lo trascendente que hay en el hombre con la Espiritualidad y divinidad que vive fuera y dentro de todos nosotros. De ahí que Jesús dijera: “El Reino de Dios está dentro y fuera de vosotros.”
La Fe mal entendida es la del simulacro del rito, la parafernalia, la letanía, la adoración del ídolo inerte de vida y significado espiritual que de nada sirven para descubrir y potenciar al auténtico Dios que vive dentro de cada uno.

N. E.: ¿Cómo explicar lo que es Dios a una persona no creyente?
H. F.:
Simplemente no se puede. Dios es un descubrimiento no una convicción. Después de haber pisado la luna todavía hay muchas personas que dudan de tal proeza. Asimismo muchos que creen considerarse creyentes demuestran que no lo son por sus desatinos y actos de fanatismo extremo. De ahí que creer no significa incluso haber descubierto a Dios.
Tal sería la imposibilidad de explicar lo que es Dios como intentar definir un sentimiento, una emoción que otra persona no ha sentido jamás.
Y sobre todo porque a medida que crecemos vida tras vida, nuestra imagen de Dios se engrandece cada vez que la conciencia se agranda por el efecto de la evolución que vamos alcanzando.
De ahí que el sentimiento y visión que tenía Jesús con respecto al Dios de los hebreos de hace 2000 años, era tan distinta como extraña para el común de las gentes del momento.

N. E.: Jesús, Jesucristo, Cristo… ¿Con qué nombre quedarnos?
H. F.:
El término Jesucristo es la fusión de un fenómeno que vivió Jesús de Nazaret con la entidad espiritual más elevada del planeta: el llamado Cristo Planetario.
Cada planeta tiene, por definirlo así, un máximo legislador espiritual, bajo cuyas órdenes otros seres se encuentran para difundir su esencia cristica en la humanidad. Tal fue el caso de Jesús como de otros avatares que han pasado la historia del mundo.
Jesús desarrolló una facultad psíquica extraordinaria capaz de recibir los sutiles impulsos mentales del Cristo Planetario y difundir así una obra excelsa de amor y fraternidad universal entre los humanos. Él mismo se consideró como portador y emisario de sus enseñanzas. De ahí que conociéndose tiempo después la existencia de esa entidad crística y su vinculación con el Maestro, quedaron tan fusionados el pensamiento de ambos que se acuñó el término de Jesucristo.

N. E.: ¿Por qué existe tanto miedo a la muerte biológica?
H. F.:
Existen variadas razones. En primer lugar hay un temor natural a la muerte ya que el hombre se encuentra fuertemente vinculado a instintos humanos como el de supervivencia. Este instinto le trasmite ciertos temores para que frente al peligro, una agresión, al dolor o hacia lo desconocido sienta miedo y de este modo evite dar un mal paso. Y la muerte significa todas esas cosas.
En segundo lugar está la educación espiritual, religiosa o incrédula al respecto. Ya que según la información y por consecuencia la preparación frente a la muerte, generamos una respuesta emocional más o menos favorable.
También cada cultura enfoca la muerte de un modo más consolador o aterrador, lo que influye en la sociedad de cada tiempo. Mientras que en algunas culturas o creencias la muerte es un fenómeno reconciliador con los seres perdidos o compensador con un mundo mejor, para otras ha sido el enfrentarse a la extinción de la vida, el castigo eterno, el infierno o los pecados cometidos.

N. E.: ¿Cómo se deja de creer en Dios?
H. F.: Sencillamente porque no se le conoce verdaderamente. Aquel que decide quitarse la vida es porque no encuentra valor, sentido ni apego a la misma. De ahí que les sea fácil afrontar la muerte sin ningún temor ni a las consecuencias de una muerte dolorosa. Del mismo modo el que ama la vida, la respeta, la conoce, la vive con satisfacción y sentido espiritual jamás osaría cometer tal acto. Cuando alguien descubre a Dios en verdad, se convierte en el epicentro de su vida. Todo lo demás y todos los demás se sitúan en un segundo plano, lo cual no significa que dejen de tener valor. Este hecho lo sabemos bien aquellos que hemos tenido algún tipo de experiencia espiritual como un viaje astral o una experiencia cercana a la muerte.
Ese descubrimiento es el hecho más importante de la vida a partir de entonces. Por lo que no es de extrañar que quienes todavía no lo conocen a Dios, aún manifestándose creyentes, cuando la vida les golpea se sientan decepcionados y dejen de creer. Quien está verdaderamente enamorado de algo, con un amor tan profundo que todo lo ocupa en su alma, jamás podrá desprenderse de tal sentimiento.

N. E.: ¿Es posible un mundo, una sociedad que niega al Espíritu?
H. F.: ¿Acaso este modelo de vida que existe hoy en las principales sociedades de los países más avanzados no promueven una vida materialista, superficial y lejos de la esencia del Espíritu? Sólo hay que ver en qué estado se encuentra la sociedad y el exterminio de valores que promueven los medios de comunicación, la juventud, el ocio, las familias…
Nos encontramos en los llamados “Los tiempos son llegados” o también “los últimos tiempos”, una época de cambio y transición tan anunciado durante milenios por numerosos profetas y vaticinadores como Nostradamus, Edgar Cayce y distintos profetas bíblicos.
Aunque he de decir que a pesar de estos tiempos tan degradantes, dicha transición será para formar un mundo, una mentalidad y una humanidad que vivirá totalmente integrada en los valores del Espíritu. Por lo que los modelos actuales de sociedad, tan de espaldas a la esencia de la Espiritualidad, sucumbirán por el peso de su propia decadencia. Numerosos acontecimientos se están produciendo desde hace décadas: los niños índigo, la psicoespiritualidad, movimientos espiritualistas alternativos, fenómenos espirituales de ámbito mundial… están formando una nueva conciencia global despertando a muchos del letargo en el que se encuentran los negadores del Espíritu.

 


Hermano Francisco
Medium y escritor, director de la Comunidad Espírita Cristiana “El Gran Corazón” y presidente de la Federación Espírita Cristiana de España y de la Unión Internacional de Espíritas Cristianos
http://hermanofrancisco.eu
www.grancorazon.org


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